jueves, 22 de abril de 2010

Trampas

En mi nueva casa no paran de quejarse porque siempre ando escondido bajo la cama, agazapado bajo el sofá, acomodado en los armarios y arrinconado tras las puertas. ¡Como si yo no les escuchase!
El caso es que anoche me animé a darles un voto de confianza mientras preparaban la cena, así que para estar junto a ellos (y egoístamente, para beber agua a lenguetazos del grifo de la cocina) salté hasta la encimera y... ¡maldita la hora en que decidí relacionarme! Qué en vez de lenguetazos al chorro del agua acabé dándoselos a mi chamuscada almohadilla de la pata delantera derecha.
Así no hay quien ronroneé.

miércoles, 21 de abril de 2010

Un lugar donde dormir

La casa de mis nuevos empleados domésticos es muy extraña y no encuentro por ningún lugar mi cesto para dormir. Además, con eso de que son tres y cada uno se levanta y se acuesta a una hora distinta no hay quien controle sus horarios.
Por el momento, y hasta que domine la situación, dormiré en un lugar en el que nadie me pise.

martes, 20 de abril de 2010

Mi nombre es Chulo

Así es. Me llamo Chulo, y hasta ayer yo era un gato la mar de feliz.
Tenía todo lo que un gato pudiera imaginar. Mi simpática empleada doméstica, y dueña, a la tengo comiendo de la palma de mi mano y consigo que, día si día también, me de todos los mimitos del mundo. Mi ático y su impresionante terraza por la que pasear mi elegante pelaje ante todas las gatitas del vecindario. Y, sobre todo, una bendita rutina en la que yo, y solo yo, controlaba todo lo que ocurría a lo largo de cada día de mi gatuna vida.

Feliz hasta el día de ayer, en que mi dueña, por motivos laborales, ha tenido que dejarme en casa de unos amigos suyos, alejándome de todo lo que más me gusta durante dos laaaargas semanas. Por eso, hoy empiezo a escribir este diario con mis sufrimientos en esta cuenta atrás que terminará cuando llegue el momento de mi ansiado reencuentro y pueda volver a ser... el rey de la casa.