En un descuido de mi staff de cuidadores, mientras veían una película en el DVD, un servidor aprovechó para dar un lenguetazo a la rica pócima que bebían mis esclavos devótos (
Dyc-cola, lo llaman). Después del primer lenguetazo fue otro, otro y otro... hasta que además de perder la cuenta, a punto estuve de perder también una de mis siete vidas.
Requetemiau qué resacón. No sé cuántos Gelo-cat-iles llevo.
Y claro, hoy domingo os podéis imaginar el día que llevo.


Todo el día de un lado para otro tratando de recordar lo que ocurrió anoche. Ahora comprendo a mi jefa cuando tiene que recurrir a su amiga Pao para, tras mucho esfuerzo, tener la versión completa de lo ocurrido la noche anterior.
El caso es que mereció la pena. Mira que estaba rico el brebaje ese...
Si no fuera por la lengua pastosa que me ha dejado. El próximo finde tengo que cenar algo antes de tomarme los pelotazos.